El mítico e inigualable Derek Hynd no se lo pensó dos veces y se fue al agua junto con un puñado de locales a disfrutar de las perfectas y solitarias olas que rompían en Jeffreys Bay tan solo una hora después de que un tiburón atacara a Mick Fanning en la final del J-Bay Open.
No podía ser otro, con la pedrada que tiene en la cabeza. No le duró demasiado su 11 pies sin quillas.
No podía ser otro, con la pedrada que tiene en la cabeza. No le duró demasiado su 11 pies sin quillas.
