
Lejos queda ya la adolescencia en la costa norte de Nueva Gales del Sur, donde vivía en una cabaña, plantando sus propios árboles frutales y compartiendo tubos interminables con Mick Fanning y Joel Parkinson.
Nada tienen que envidiar a su siguientes 15 años en los que ha estado buscando las mejores olas del planeta.
Ahora sus viajes son algo más cortos, menos frecuentes, e igualmente intensos. Esta vez en compañía de Kai Otton, otro crack australiano, y un mago del knee surfing, Chayne Simpson, por las cristalinas aguas del sur del continente.