Dylan Graves desafía al Ártico: surf a -15ºC y solo tres horas de luz en Noruega

surfing where the sun never riSeS ☾ || Dylan Graves

A estas alturas, ya conoces el secreto del éxito de Dylan Graves: viajar a los lugares más improbables del planeta donde, en teoría, no debería haber olas… pero las hay. Allí conecta con los locales que se atreven a desafiar condiciones extremas, comparte sesiones y escucha sus historias.

 

Su última aventura lo lleva hasta Noruega, en pleno invierno, dentro del Círculo Polar Ártico. Allí se une a Tim Latte para intentar surfear en el mar de Barents, con jornadas de apenas tres horas de luz y temperaturas que caen hasta los -15 grados. El plan incluye traje seco, frío cortante… y corazón de reno como tentempié antes de entrar al agua.

 

“No creo que haya pasado más frío en mi vida. Fue lo más cerca que he estado de la congelación”, reconoce Graves.

 

El escenario no es precisamente idílico. El mar de Barents es una extensión salvaje del océano Ártico, de unos 1.300 kilómetros de largo por 1.000 de ancho, relativamente poco profundo y flanqueado por Svalbard al norte y el continente ruso al sur. Llegar hasta allí ya es una misión. Surfear —y salir ileso— es otra historia.

 

“Vinimos a la punta más alta de Europa en pleno invierno”, narra Graves en el episodio, “porque aparentemente, ahí fuera, las olas pueden ponerse buenas”.

 

Y vaya si se pusieron.

 

Lo más llamativo no es solo la calidad de las olas, sino la mentalidad de los surfistas locales. En un lugar donde apenas hay tres horas de luz al día, cada minuto cuenta.

 

“Cuando solo tienes tres horas de luz, sientes que tienes que estar fuera”, explica uno de ellos. “Si las pierdo, me puede arruinar la semana. Si puedes surfear en esas tres horas, es como estirar el día”.

 

No es el típico strike mission de aguas cálidas y atardeceres eternos. Aquí el premio es distinto: una ola limpia en mitad de un paisaje ártico, bajo una luz baja y fría que convierte cada sesión en algo casi irreal. El riesgo de volver a casa sin olas es alto. El frío, extremo. Pero cuando encaja, la recompensa es grande.

 

Y luego nosotros nos quejamos por tener el agua a menos de 12º C  y tener que llevar chapos.


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