Cuando el Pacífico bombea un swell gigante del sur, todas las miradas se dirigen hacia el "Pipeline Mexicano": Puerto Escondido. Nate Florence, no dejó pasar la oportunidad y se fue hasta allí, pero lo que prometía ser una sesión épica de tubos perfectos terminó convirtiéndose en una batalla por la supervivencia, una lesión en la espalda y enfrentrarse a una marejada tan grande que no se veía en una década.
La estrategia en Zicatela cuando el tamaño es descomunal es clara: paciencia extrema. Nate e Ivan Florence pasaron cerca de cuatro horas flotando en el pico buscando una ola limpia. Cuando el viento empezó a soplar y la mayoría de los surfistas se retiraron, Nate vio su oportunidad en una derecha mutante:
"Iba muy profundo, metiendo dos bombeos brutales dentro del tubo. Todo iba perfecto hasta que el 'spit' (el soplido de la ola) explotó con el doble de fuerza de lo normal y me levantó literalmente en el aire", relata Nate.
El desenlace fue caótico. Florence voló por los aires dentro del tubo, aterrizó de cabeza y su cuerpo hizo el temido efecto "escorpión". El impacto le hizo sentir un crujido inmediato en la zona lumbar, reviviendo fantasmas del pasado cuando sufrió una fractura de compresión en la vértebra T12 en Jaws. Tras someterse a varios TACs y resonancias en México para descartar una nueva fractura, el diagnóstico quedó en un fuerte esguince y una contusión ósea altamente sensible.
Mientras Nate lidiaba con el dolor y la duda de si volver al agua, la tercera y más destructiva fase del swell golpeó la costa mexicana reforzada por otra marejada. Las condiciones pasaron de ser simplemente "grandes" a convertirse en aterradoras. Olas de hasta 18 metros, explosiones de espuma, y un movimiento de arena que ha aplanado el fondo marino a niveles no vistos en años.
Durante dos días, el espectáculo se trasladó a la orilla. Prácticamente nadie pudo surfear. Surfistas de la talla de Tom Lowe intentaron remolcarse o entrar a rema, pero las olas no le dejaron surfear ni una sola ola.. Nate Florence aseguró que es lo más grande que ha visto en Puerto Escondido en los últimos 10 años.
Para el día de su cumpleaños, la espalda de Nate mejoró lo suficiente como para permitirle entrar al agua a remar junto a Ivan. Sin embargo, la fortuna no estuvo de su lado: tras tres horas de espera en un pico caótico, plagado de corrientes cruzadas y cerrotes, ambos hermanos regresaron a la arena sin haber surfeado ni una sola ola.