El swell más grande de la temporada llegó a Indonesia justo cuando el mallorquín estaba en Mentawai.
Los partes indicaban que Kandui iba a romper grande y perfecto.
"Durante dos días, el equipo del camp y yo estuvimos surfeando de las mejores olas de nuestra vida, tubos increíbles, mucha adrenalina y también unas cuantas comidas de reef por el camino", comenta Xavi.
Una tabla rota y una mano tendida
Todo empezó con una sesión complicada. El día anterior, Xavi rompió su tabla en una ola y, además, vivió lo que él mismo describe como una de las peores sesiones de su vida: cuatro horas esperando la ola que consideraba la del día, para acabar colocando mal los pies y cayendo en el intento.
"Me fui al bote, me tiré ahí, dije: no quiero más, estoy ya muerto", recuerda. En ese momento de rendición apareció Rafa, hermano de Gaspar "Gaspi", que le prestó su propia tabla y lo animó a volver al agua. Ese gesto le permitió remontar la sesión y, en palabras del propio Xavi, "a veces uno solo no puede, hace falta la mano de alguien que te empuje".
Llega el gran día en Kandui
Con la tabla prestada y las energías recuperadas, Xavi se dirigió a Kandui, uno de los picos más exigentes y respetados de Mentawai, donde los partes anunciaban un swell perfecto y de gran tamaño.
La realidad de la ola fue tan intensa como se esperaba. Las caídas fueron duras: golpes contra el arrecife, una pierna magullada tras pasar por encima de la tabla en una caida, y sesiones surfeadas en marea baja —algo que normalmente se evita en Kandui por el peligro que supone el fondo de coral tan cerca de la superficie— para escapar de la multitud de surfistas en el agua durante la marea media-alta.
"Creo que son de las horas más difíciles y peligrosas que he surfeado nunca", confiesa Xavi. Una ola que, según explica, no perdona: los wipeouts terminan directos contra el reef, y esta vez tampoco hizo excepción.