
Era la segunda vez que el jovencísimo windsurfista Adam Warchol surfeaba Jaws. Era su primera ola del día. Decidió coger esa bomba, y pese a la velocidad que su vela le proporcionaba, fue engullido por esa auténtica mole de agua.
Pero lo pero aún estaba por suceder, porque un surfista no identificado caía desde lo más alto para ser aplastado por el labio de la ola.
Ninguno sufrió lesiones de gravedad pese a que, además de esta, comieron otras tres olas de la serie. Brutal.