"En la travesía a Fiyi, el viento soplaba a más de 30 nudos y navegábamos directamente a favor del viento", comenta Florence. "El barco se metía en una ola y luego adelantaba a la siguiente, y eso no paró ni de día ni de noche durante tres días. Estoy bastante seguro de que la guardia nocturna durante ese tramo fue la que más miedo me ha dado en la vida. Creo que dormí menos de una hora en tres noches. Había un oleaje cruzado que no podíamos ver en la oscuridad, así que teníamos que prepararnos para olas de casi dos metros que golpeaban el costado del barco y rompían sobre la cabina, y no teníamos ni idea de cuándo llegarían. No fue nada divertido".
Pero ya se sabe que después del temporal viene la calma. Fue entonces cuando John John, junto con sus hermanos Nate e Ivan, puedieron surfear solos en una ola sin nombre, intentando dominar esa izquierda que habían visto en las cartas náuticas. "Supongo que todo se compensa", asegura Florence.