Han sido cuatro meses intensos. Nadia Erostarbe se marchó de Zarautz como surfista del QS —la segunda división del circuito mundial de surf— sin saber si lograría el ascenso, y ha regresado convertida en una habitual del CT, la máxima categoría. El ascenso y el arranque de la temporada le llegaron casi a la vez, y este jueves fue recibida con una sonrisa de oreja a oreja por los responsables del Basque Team en San Sebastián, confesando que ya tenía ganas de dormir en su propia cama tras meses fuera de casa sin certezas sobre cuánto tiempo iban a durar.
El camino hasta aquí no fue sencillo. Erostarbe llegó a Australia necesitando un buen resultado para clasificarse al CT, cayó en primera ronda del Challenger y tuvo que esperar a que otras rivales perdieran también para sellar su plaza. Ya en el CT, los primeros eventos no salieron como esperaba, hasta que un tercer puesto le devolvió la confianza. El resultado de esa primera mitad del año es un décimo puesto en el ranking mundial tras seis pruebas disputadas, con dos terceros lugares como mejores resultados —posición que, de mantenerse, le permitiría conservar la categoría.
Pero la temporada no ha hecho más que empezar. Quedan otras seis pruebas que determinarán qué catorce surfistas conservan su plaza en la máxima categoría y qué nueve descienden a la segunda división. Por eso Erostarbe afronta ahora un dilema: descansar hasta la siguiente cita del calendario, en Teahupoo (Polinesia Francesa), que arranca el 8 de agosto, o adelantar el viaje en dos semanas para competir en Sudáfrica y Estados Unidos, donde se disputan dos pruebas Challenger que le darían puntos de respaldo en caso de perder la categoría en el CT. «Tengo que consultarlo con la almohada, pero lo más probable es que haga las dos Challenger», admite, asumiendo también el desgaste económico que supone en un deporte donde el dinero no sobra.
Lo que tiene claro es el calendario que le espera: tras las dos pruebas Challenger llegarán Teahupoo, Cloudbreak (Fiji), Trestles (California), Hudayriyat Island (la piscina de olas de Abu Dhabi), Supertubos (Portugal) y, por último, Hawái. Seis citas del CT con un corte decisivo después de Trestles, cuando solo las catorce mejor clasificadas seguirán puntuando en las dos pruebas siguientes. «El objetivo es llegar a ese momento de la temporada entre las catorce, porque ofrece dos pruebas más en las que puntuar, pudiendo marcar diferencias respecto a la zona baja de la tabla», reconoce la zarauztarra. Solo en Hawái, la prueba final, volverán a competir las 24 surfistas que conforman el circuito completo.
A priori, el tipo de ola que encontrará en esta segunda mitad de temporada —de mayor tamaño que las anteriores— le favorece. Erostarbe llega además con la confianza reforzada tras cerrar la primera parte del año con un tercer puesto en Río de Janeiro, donde se quedó cerca de la final en una ola de izquierdas, terreno en el que no se sentía tan cómoda. «Sé que respondo mejor en derechas, yendo de espaldas, y ese campeonato ha reforzado mi confianza yendo de cara», explica.
Más allá de los resultados, la surfista destaca un cambio profundo en cómo vive esta temporada respecto a la anterior. El año pasado llegó al CT con una wildcard, tras quedar libre una plaza tras la baja de otra competidora por motivos personales, y se sintió una extraña entre sus propias ídolas: las conocía a ellas, pero ellas no la conocían a ella. Este año entró con otra mentalidad. «Siempre van a ser mis ídolas, pero cuando estoy en el agua van a ser mis contrincantes, como cualquier otra persona de mi playa», explica. Sentir que de verdad pertenecía al circuito, y no solo que estaba de paso, ha sido para ella uno de los cambios más importantes del año. Compartir el día a día fuera del agua con referentes como Stephanie Gilmore o Carissa Moore —mujeres, dice, increíblemente humildes después de todo lo que han conseguido— sigue pareciéndole un privilegio.
Sobre los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, Erostarbe prefiere no adelantarse. «Hace un año lo veía tan lejos, y ahora ya llevamos la mitad, quedan dos años», reconoce, aunque insiste en que este año su prioridad absoluta es el CT. Sabe que mantenerse en la máxima categoría —o, en su defecto, competir en el ECT— le abre más posibilidades de clasificación olímpica que jugárselo todo en un único evento clasificatorio como los ISA. «En el CT competimos siempre las mismas 24. Poder ganar también a surfistas que no están en el circuito está guay», apunta sobre el valor añadido de esas otras competiciones.
No lo dice expresamente, pero Erostarbe ha caído de pie en la máxima categoría del surf mundial. Ha recibido elogios de sus rivales y los responsables del circuito no dejan de destacar su potencial. La quieren dentro del CT, aunque ella, mejor que nadie, sabe que lo único que cuenta de verdad son los resultados. «Estoy contenta con mi aterrizaje en el CT, pero he aprendido rápido que los despistes se pagan caros. Hay que seguir.»
Fotos:WSL



