
Tan solo se necesitan unos potentísimos focos adosados a tu cabeza, y no ser muy consciente de lo que uno hace. Porque comieron de lo lindo, pero también pillaron alguna chula. Tiene que ser toda una experiencia.
Lo realmente bueno llegó al día siguiente (últimos tres minutos del vídeo), cuando ya de día Mundaka ofreció a los asistentes la perfección, eso si, lleno de gente.