Nathan Florence relata cómo se lesionó la espalda en Portugal, su proceso de recuperación activa con kettlebells y bicicleta ergométrica, y por qué cree que este invierno en Hawái será distinto.
Nathan Florence ha vuelto para dar una actualización sobre la recuperación de la lesión de espalda que sufrió este año, revelando también la filosofía de entrenamiento que considera esencial para seguir enfrentándose a algunas de las olas más peligrosas del planeta.
"No es cuestión de si voy a lesionarme, sino de cuándo va a ocurrir", explica el surfista, justificando así la importancia de preparar el cuerpo para resistir los impactos inevitables.
Una lesión, dos caídas
El accidente ocurrió hace unos dos meses, durante un viaje a Portugal, donde Nathan se enfrentó a diez días consecutivos de olas de entre tres y cinco metros, con jornadas todavía mayores de por medio. En una de las sesiones, sufrió una caída muy dura, cayendo con el estómago sobre el agua, quedando con el torso muy dolorido.
Dos días después, en otro swell, surfeó una ola hueca, pillando dos tubos muy profundos antes de una caída haciendo el escorpión al salir de la ola, lesionándose la espalda de forma más seria. Con miedo a haberse roto otra vez la columna —ya había sufrido una fractura por compresión en 2022/2023—, se hizo un TAC y, más tarde, una resonancia magnética, que descartaron fracturas, lesiones en los discos o compresión nerviosa. Aun así, el dolor persistía en una zona concreta entre las vértebras T12 y L1, probablemente un esguince muscular o ligamentario.
Recuperación activa en vez de reposo total
Tras la lesión de espalda, Nathan Florence optó por una recuperación activa, priorizando ejercicios que aumentan el flujo sanguíneo hacia la zona lesionada, fortaleciendo al mismo tiempo toda la musculatura estabilizadora de la columna. El objetivo no es solo recuperarse de la lesión actual, sino sobre todo construir un cuerpo más resistente de cara a los próximos inviernos de olas gigantes.
Entre los ejercicios que integra regularmente están las sesiones de remo, bicicleta ergométrica, kettlebells, trabajo específico de estabilidad del core, fortalecimiento de los músculos profundos de la espalda y ejercicios de movilidad, siempre con una progresión muy cuidadosa para evitar recaídas. El hawaiano cuenta que, al principio, tuvo que probar cada máquina: el remo y el ski erg le irritaban la lesión, por lo que los dejó de lado, mientras que la bicicleta se convirtió en la base de su trabajo cardiovascular al no implicar impacto.
A medida que el dolor fue desapareciendo, fue introduciendo ejercicios más exigentes, como peso muerto con piernas rectas y series largas de swings de kettlebell, siempre atento a cualquier señal de molestia para interrumpir de inmediato.
Según Florence, la constancia es mucho más importante que buscar soluciones rápidas: "El cuerpo necesita estar preparado para absorber violencia", afirma, explicando que el entrenamiento no sirve solo para remar más rápido o surfear mejor, sino también para aumentar las probabilidades de salir ileso de un wipeout violento.
El hawaiano subraya además que la preparación física no termina en el gimnasio. La recuperación asume igualmente un papel fundamental, a través del descanso adecuado, la movilidad, la gestión de la carga de entrenamiento y la capacidad de escuchar las señales del propio cuerpo antes de que pequeñas molestias se conviertan en lesiones graves. Nathan Florence admite que, a lo largo de su carrera, ha ido adaptando su entrenamiento a medida que se hace mayor y acumula impactos, priorizando actualmente la durabilidad física por encima de la búsqueda exclusiva de fuerza o potencia.
De vuelta al agua, sin tabla de surf
Ya sin dolor desde hace aproximadamente una semana, Nathan aprovechó la fase final de la recuperación para lanzarse a otro tipo de desafío: las travesías de SUP foil entre islas de Hawái. En pareja con Kai Lenny, completó los recorridos de Maui a Molokai y, dos días antes de esta actualización, de Molokai a Oahu —una travesía de unos 68 kilómetros que, por falta de viento en los primeros kilómetros, se convirtió en una prueba de resistencia de cuatro horas, con un avistamiento de tiburón tigre incluido en el trayecto.
La mirada puesta en el próximo invierno
Nathan también aprovechó para comentar el comportamiento atípico del clima en varias partes del mundo por las que ha pasado este año —desde Australia, más tranquila de lo habitual en esta época, hasta las lluvias fuera de patrón en Galápagos y en Hawái—, un conjunto de señales que, en su lectura, apuntan a la llegada de un ciclo de El Niño y, en consecuencia, a un invierno potencialmente más intenso en cuanto a olas grandes.
Es precisamente pensando en ese escenario que está intensificando su entrenamiento en las próximas semanas, con el objetivo de llegar en plena forma a la temporada de olas grandes en Hawái.
Para Nathan Florence, surfear olas gigantes empieza mucho antes de entrar en el agua: empieza en el trabajo diario de preparación física, recuperación y prevención de lesiones, pilares que considera indispensables para prolongar su carrera deportiva.