Nathan Florence regresa a Francia unos quince años después de su última visita. El hawaiano aterrizó en Hossegor con jet lag y para colmo le pierden todas las maletas, incluidas las tablas.
La solución estaba a pocos minutos del pico, en Embassy Surf Supply, tienda local y outlet de Pyzel, donde salió equipado con tablas, quillas y grips gracias a la ayuda de Thomas, uno de sus empleados. Sin pegatinas en la maleta, Florence se lanzó al agua con un quiver completamente blanco y en modo incógnito,.
La recompensa a su perseverancia llegó en La Gravière, limpia y con un banco de arena bien formado que regalaba olas largas y secciones muy huecas. Florence resistió la tentación clásica del beach break, esa fiebre de "la hierba es más verde" que empuja a remar detrás de cada ola que rompe más allá, y optó por aguantar en su pico a la espera de la serie. Con el paso de las horas la corriente convirtió el agua en una cinta de correr, y él siguió dentro, solo, con el pulsómetro en 116 pulsaciones y unos tubos sobre poca agua que le recordaron a su North Shore natal.