Si te has dado una vuelta por alguna de nuestras playas este verano, te habrás fijado la cantidad de algas que han invadido la orilla. No, no es un fenómeno natural, es una invasión.
La Rugulopteryx okamurae, un alga parda originaria del Pacífico norte asiático, se ha convertido en uno de los mayores quebraderos de cabeza para la gestión del litoral español. Y el mar Cantábrico, que durante años pareció quedar al margen de esta invasión biológica, lleva ya tres años conviviendo con ella, desde Cantabria hasta el litoral vasco.
El primer registro de esta especie en aguas españolas se remonta a 2015, cuando apareció en el Estrecho de Gibraltar. Desde entonces, su avance ha sido tan rápido como difícil de contener: según ha confirmado el Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco), el alga ha colonizado ya prácticamente todas las comunidades y ciudades autónomas con costa. Baleares es, por ahora, la única excepción reseñable, aunque incluso allí se han encontrado restos del alga mezclados con arribazones de posidonia, lo que sugiere que tampoco tardará en asentarse.
En el caso del Cantábrico, la presencia de la especie está documentada desde 2023, cuando fue localizada cerca de dos de los puertos más activos de la cornisa cantábrica: Bilbao y Santander. Desde entonces se ha ido dejando ver en distintos puntos de la costa, con episodios como el registrado en la playa de Trengandín, en Noja (Cantabria), donde grandes cantidades de alga han vuelto a acumularse en la arena.
La cronología de la invasión en el norte peninsular tiene su propia historia. Antes de instalarse en el Cantábrico, el alga ya llevaba dos décadas avanzando por el Mediterráneo. Su salto al norte se produjo primero en Noja en 2023 y, poco después, en aguas vizcaínas. Este mismo año la especie ha llegado también al litoral de Gipuzkoa, donde ya se encuentra bastante extendida.
Además del puerto y el muelle de San Luis, en Castro Urdiales, el alga ha colonizado todo el fondo marino de la playa de Meñakoz, en Barrika, una zona tradicionalmente rica en pesca. La plataforma de defensa medioambiental Mutriku Natur Taldea ha alertado también de su presencia en las piscinas naturales y en la playa del puerto de Mutriku. Muxika añade que, en los muestreos que su equipo realiza sobre una especie autóctona, el Gelidium corneum, entre Orio y Hondarribia, la Rugulopteryx okamurae ha aparecido prácticamente en todos los puntos analizados.
Morfológicamente, la Rugulopteryx okamurae recuerda mucho a la Dictyota dichotoma, un alga local con la que convive en las mismas rocas. La diferencia clave, señala Muxika, es que la especie asiática tiene un comportamiento marcadamente invasor: se extiende con rapidez y termina desplazando a las especies autóctonas allí donde se instala.
Su llegada a Europa se remonta a 2002, cuando fue detectada por primera vez en una laguna costera francesa. Una década más tarde ya había alcanzado el sur de la Península, primero en Ceuta y después en Cádiz, dos puntos desde los que la invasión se ha ido extendiendo hacia el resto del litoral.
Según explica el investigador de Azti, el alga puede haber llegado a las costas vascas a través de varias vías. Una es el tráfico marítimo: fragmentos o propágulos adheridos al casco de las embarcaciones, o transportados en el agua de lastre. Otra es la actividad acuícola, ya que especies como el mejillón pueden trasladar fragmentos del alga pegados a la concha cuando se mueven entre distintas zonas de cultivo.
Una vez instalada, la especie se reproduce con facilidad por vías sexuales, asexuales y vegetativas. En este último caso, basta con que un fragmento del alga encuentre una roca o un sustrato adecuado para empezar a crecer de nuevo. Muxika subraya la rapidez con la que se expande, y apunta que en el País Vasco ha encontrado condiciones favorables, entre ellas la ausencia de herbívoros que se alimenten de ella: mientras existan otras algas como el Gelidium o la Dictyota, la fauna local seguirá prefiriendo esas especies, lo que deja a la Rugulopteryx okamurae vía libre para propagarse.
El impacto sobre la biodiversidad marina ya se ha visto con claridad en el sur de España, donde la invasión ha sido especialmente intensa: en algunas zonas las especies autóctonas han quedado casi completamente sustituidas por praderas de esta alga. Es un patrón que preocupa de cara a lo que pueda ocurrir en el Cantábrico y el litoral vasco a medida que la especie se consolide.
Retirarla, además, no es tarea sencilla. Para cuando el alga resulta visible en una playa o un fondo marino, su cobertura ya suele ser considerable, lo que complica cualquier intento de eliminación. La retirada manual es inviable a esa escala, y los medios mecánicos no son una alternativa segura: además de arrastrar algas autóctonas junto con la invasora, corren el riesgo de fragmentar la propia Rugulopteryx okamurae, ayudando sin querer a que se siga expandiendo.
El Miteco señala que el problema se agrava especialmente entre mayo y junio, cuando la especie multiplica de forma masiva sus propágulos y fragmentos. Ese material vegetal termina arrastrado por las corrientes hasta playas y puertos, donde se acumula en cantidades que llegan a colapsar el espacio disponible. El calendario no podría ser más inoportuno: coincide justo con el arranque de la temporada turística y con uno de los periodos de mayor actividad pesquera del año, dos sectores especialmente sensibles al estado de las playas y las aguas costeras.
Los científicos que estudian la especie son claros en un punto: con el conocimiento actual, eliminar por completo esta alga de las costas españolas ya no es una opción realista. El foco de trabajo se ha desplazado, por tanto, hacia otro objetivo más modesto pero más alcanzable: frenar su expansión y reducir en lo posible sus efectos sobre la biodiversidad marina, la actividad económica costera y la vida social de los pueblos y ciudades que viven junto al mar. Para el litoral cantábrico, que se incorporó de forma tardía al mapa de zonas afectadas, esta batería de medidas llega en un momento clave: el de decidir si la región logra contener el avance del alga o si, como ya ha ocurrido en el sur peninsular, termina siendo una presencia habitual en sus playas cada primavera.

muy interesante. no sabía de la llegada de algas invasoras. En noja creo que estan petados
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