Adiós a Larry Bertlemann, el hawaiano que llevó el skate al agua y el agua al skate

Larry Bertlemann

El surfista hawaiano falleció el sábado en Honolulu a los 71 años. Trasladó al agua el giro bajo del skate a principios de los setenta, inspiró a los Z-Boys de Dogtown, intentó los primeros aéreos y abrió la puerta al patrocinio profesional moderno.

A principios de los 70 la tabla corta acababa de irrumpir en escena, aunque la mayoría de los surfistas seguía usando tablas grandes o de tamaño mediano. En esa época, lo que se llevaba era intentar imitar el estilo de surf de Gerry Lopez: buscar una mayor armonía con la ola. Era como formar un equipo, el surfista y el agua, el "be water my friend" de Bruce Lee, que trabajaba al unísono para crear una sensación de unidad absoluta.

Pero, derrepente, un tipo estaba rompiendo todas esas reglas. De hecho, a aquel sujeto no le interesaba en absoluto la paz ni la armonía con el agua; se empeñaba en destrozar cada ola que cogía. Aquello no era unidad; era el hombre contra la bestia, y el hombre estaba ganando. Todo el mundo, al verle surfear, se quedaba obsrvándolo, soltando exclamaciones de asombro ante cada maniobra con la que arremetía contra una ola desprevenida tras otra. Se disparaba hacia arriba, hacia delante, hacia atrás y hacia abajo, cortando la base de la ola con un tajo violento y arrancando después el labio de la misma con una potente explosión ascendente.

¿Quién es ese tipo? Sin duda tenía aspecto hawaiano y recuerdo dos rasgos distintivos: una constitución más robusta que la de la mayoría de los surfistas del agua, lo que le daba la fuerza necesaria para hacer lo que hacía con cada ola que cogía, y un enorme, inolvidable e impresionante afro castaño, tan imponente que ni siquiera el agua del océano lograba aplastarlo ni domarlo.

Ese es Larry Bertlemann. Es, fue, la persona que cambió por sí solo la forma de surfear de aquella époc

Su nombre completo: Larry Bertlemann. Su apodo: 'Rubberman' (el hombre de goma). ¿Por qué? Porque era capaz de retorcerse y mover el cuerpo en direcciones tan insólitas mientras surfeaba que, a veces, uno pensaba: '¡Eso es imposible! ¡Nadie con esqueleto podría doblarse así!'. Pero Larry podía y lo hacía; además, cambió la forma de surfear de toda una generación.

Quedaron atrás las tablas largas y llegaron las cortas. Se dejó de usar la quilla única y aparecieron las tablas de dos o tres quillas —o lo que hiciera falta— para poder maniobrar sobre el agua en cualquier dirección deseada; todo ello para que alguien pudiera decir que había hecho un 'Bertlemann''. 

Hubo dos factores determinantes que hicieron que Larry surfeara de la manera en que lo hacía. Uno: De joven, encontró una tabla de 9 pies y 6 pulgadas entre los arbustos cerca de su casa y surfeó con ella día y noche hasta que, un buen día, la partió en dos. En lugar de tirarla, tomó la parte delantera (la más pequeña), le fijó una quilla, la invirtió y... ¡tachán!: así nació, para él, la tabla corta.

Larry Bertlemann

Dos: Larry era un apasionado del 'skate' y anhelaba intentar en el agua las maniobras que lograba hacer en tierra firme. Esta nueva tabla corta finalmente lo hizo posible, permitiéndole imaginarse haciendo 'skate' mientras atacaba las olas.

Sus movimientos fueron tan influyentes que, incluso en el galardonado documental de 2001 'Dogtown and Z-Boys', los legendarios 'skaters' Tony Alva, Stacy Peralta y Jay Adams se referían a sus giros derrapando como "Berts".

Aunque no le atraía demasiado la faceta competitiva del surf, sabía que ahí estaba el dinero; así que se hizo profesional y terminó entre los 16 mejores del mundo en 1976 y 1979. También apareció en nueve portadas de revistas de surf entre 1974 y 1984 (un récord para cualquier surfista) y llegaron los contratos publicitarios, lo que no solo lo convirtió en un nombre conocido para los surfistas de todas partes, sino que también lo hizo muy rico (entre sus patrocinadores figuraban Op, Toyota, United Airlines y Southwest Air).

Otra cosa que realmente lo define como un auténtico genio es que, en 1980, en la cima de su popularidad y éxito, desapareció del radar del surf. Circularon rumores por toda la comunidad surfera sobre su paradero, pero nadie sabía a ciencia cierta dónde estaba ni siquiera si seguía vivo.

Y vaya que estaba vivo: se escondía en Florida, surfeaba en México, Puerto Rico y Río, y vivía como un tipo totalmente relajado, que no quería complicaciones y que solo pensaba en cosas como: "¿Dónde puedo conseguir un buen taco de pescado?".

"¡He surfeado en lugares que nadie ha visto jamás!", declaró una vez que reapareció.

Durante el resto de sus días siguió fabricando tablas de surf y de 'skate',  teniendo contratos con Rebel Boards y Santa Cruz. Y también se metía al agua, aunque se dedica más a deslizarse con fluidez que a realizar maniobras agresivas.

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